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Asistir a terapias y cómo sacarle provecho

Asistir a una terapia nos indica que existe alguna situación que no ha de ser sencilla y no es posible manejarla sólo, por ello se solicita ayuda para lograrlo. De esta manera, damos por sentado que la persona se encuentra  receptiva al cambio y que además desea pasar por dicha transición hacia un mayor bienestar. A continuación mencionamos diversas ideas que pueden ser útiles para enfrentar una terapia y con ella, nuestra relación con el terapeuta.

Trabajo en equipo: debemos tener presente que nosotros contamos con la información, mientras que el terapeuta con las herramientas, por lo que no debemos pretender que el psicólogo haga tu parte, y nosotros no intentes nada. Otro aspecto importante radica en no pretender tener todo el control sobre la terapia, pues es el psicólogo el que sabe cómo ayudarte, así que debemos dejarnos guiar en determinadas cosas ya que es él o ella quien sabe que hay cosas que no logras hacer solo y te acompañará en el viaje.

La terapia nos orienta, pero debemos estar conscientes de que nadie hará el camino por nosotros: el terapista no tomará decisiones importantes por ti, ni tampoco te dirá lo que debes hacer, sólo debes guiarte tú mismo para sacar las conclusiones y las respuestas a tus preguntas.

Siempre habrá algo de miedo al cambio: sabemos que nos cuesta entender lo que estamos pasando, sobre todo si llevamos mucho embebidos en un problema, pues lo hacemos un hábito con una estructura mental en torno a ello. Por lo que, romper de golpe con eso produce vértigo. Es importante entender esta clase de mecanismos de defensa para respetarlos y darles su tiempo. 

Hay algo que considerar: No todo será escalada y mejora: si bien es cierto que resulta emocionante darnos cuenta de cuánto hemos avanzado, también podría ser una desgracia ver que no es así. Habitualmente se avanza un poquito y se retrocede otro poco. 

El fracaso solo le llega al que desiste: la clave siempre será la persistencia y la paciencia con nosotros mismos, aunque estas suelen ser duras. 

Cuando se inicia una terapia, no es sinónimo de que estemos defectuosos o tenemos algo malo, tan solo estamos considerando que una persona no se encuentra en la capacidad de saber de todo, por lo que si se presenta algún problema, muertes dolorosas de familiares, o sucesos que afectan la vida, lo normal es solicitar ayuda a fin de poder manejar este tipo de cosas, ya que se podría ahorrar mucho sufrimiento. 

Cada cosa es importante para quien le sucedió: es cierto que hay personas que han sufrido mucho en la vida, y que además han afrontado situaciones bastante complicadas, y que en oportunidades no nos sentimos con el derecho de quejarnos tan solo porque no hemos vivido tales experiencias. Pero cuando se trata de heridas emocionales, estas nos han hecho daño a cada uno, y también de algún modo nos han afectado. Reconocer su importancia nos ayuda a abrirnos en la terapia para profundizar sin juzgar lo que nos sucede.

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